Solicitudes de amistad, mensajes privados, conversaciones que pasan a WhatsApp y vínculos que pueden sostenerse durante meses sin un encuentro cara a cara. El acceso a celulares y redes sociales dentro de las cárceles abrió una realidad que combina historias sentimentales, identidades ocultas y, en los casos más graves, maniobras delictivas.
Una solicitud de amistad de una persona desconocida. Un mensaje. Una conversación que se vuelve cotidiana y, después, el intercambio de números de teléfono. La dinámica podría corresponder a cualquier relación que comienza actualmente a través de internet. La diferencia aparece cuando uno de los protagonistas escribe desde una cárcel.
Facebook se convirtió en una de las ventanas que algunos internos utilizan para mantener contacto con el exterior. Y dentro de ese universo también aparecen quienes buscan conocer mujeres, iniciar conversaciones y construir relaciones sentimentales mientras cumplen una condena.
No se trata solamente de historias que circulan en las redes. Existen casos concretos que llegaron a los medios y permiten observar cómo funcionan estos vínculos.
De una solicitud de Facebook a una relación
Uno de los episodios que mayor repercusión alcanzó ocurrió en Chaco. Andrea Ferreyra conoció por Facebook a Javier Duarte, un hombre que estaba detenido. Según contó públicamente la propia mujer, él le envió una solicitud de amistad, comenzaron a conversar y después intercambiaron sus números para continuar el contacto mediante WhatsApp.
Había, sin embargo, un dato fundamental que ella desconocía durante las primeras conversaciones: Duarte no le contó inicialmente que estaba preso. Ferreyra relató que él se presentó como soltero y recién posteriormente conoció su situación judicial. Aun así, decidió continuar con el vínculo.
La historia tuvo una particularidad todavía mayor: Ferreyra trabajaba en el Servicio Penitenciario. Finalmente renunció y sostuvo públicamente su decisión de continuar la relación. Durante los primeros meses, el noviazgo se desarrolló mediante WhatsApp, videollamadas, cartas y publicaciones en Facebook, sin contacto físico.
Celulares y redes: una puerta al mundo exterior
El fenómeno también abre otra discusión: el uso de teléfonos celulares dentro de las unidades penitenciarias.
En cárceles bonaerenses existe un sistema de utilización de dispositivos móviles bajo determinadas condiciones. Sin embargo, diferentes investigaciones periodísticas y judiciales también expusieron situaciones en las que las redes sociales se utilizan para fines que exceden la comunicación familiar.
Así, la frontera entre el interior y el exterior de una cárcel cambió considerablemente. Una persona detenida con acceso a un teléfono puede conversar, hacer videollamadas, publicar fotografías y participar de redes sociales prácticamente en tiempo real.
En materia sentimental, esto permite que dos personas puedan desarrollar un vínculo cotidiano aun cuando una de ellas esté privada de su libertad.
Cuando del otro lado no cuentan toda la historia
Uno de los puntos centrales está en qué información conoce realmente la persona que recibe esa solicitud de amistad.
Un perfil de Facebook puede mostrar fotografías, intereses, amigos y publicaciones personales sin revelar que su propietario está cumpliendo una condena.
Esto no significa que toda relación iniciada con una persona detenida implique un engaño. Existen parejas que conocen desde el primer momento la situación y deciden continuar el vínculo.
El riesgo aparece cuando se oculta información, se utilizan perfiles falsos o rápidamente comienzan los pedidos de dinero, datos personales o imágenes íntimas.
Y allí el fenómeno deja de pertenecer exclusivamente al terreno sentimental.
Del romance virtual a la extorsión
También existen investigaciones judiciales sobre presos que utilizaron las redes sociales para contactar personas desde establecimientos penitenciarios.
Uno de los mecanismos detectados consiste en iniciar conversaciones a través de perfiles de Facebook, generar confianza y trasladar posteriormente el contacto a servicios de mensajería.
En algunos casos investigados, luego del intercambio de fotografías o contenido íntimo comenzaron las amenazas y los pedidos de dinero para evitar que ese material fuera difundido.
Por eso, las recomendaciones son similares a las que deberían aplicarse ante cualquier desconocido que aparece en una red social: comprobar quién está detrás del perfil, evitar enviar material íntimo, no realizar transferencias de dinero ante pedidos sospechosos y prestar atención a contradicciones en la historia de la otra persona.
Relaciones que comienzan sin atravesar una sola reja
Las redes también modificaron la imagen tradicional de los romances carcelarios. Antes, para iniciar una relación con alguien detenido generalmente debía existir algún contacto previo, una visita, una carta o una persona en común.
Hoy puede alcanzar con un celular y una cuenta en Facebook.
Del otro lado puede existir una relación genuina entre dos adultos que conocen perfectamente sus circunstancias. También puede aparecer alguien que decide esconder dónde está o quién es. Y, en situaciones mucho más graves, detrás de una conversación sentimental puede esconderse una maniobra delictiva.
Las rejas continúan marcando el límite físico de una cárcel. Las redes sociales, en cambio, permiten que una conversación atraviese ese límite en cuestión de segund






















