Disfraces, calabazas y festejos para chicos se repiten cada 31 de octubre. La celebración llegó desde otras culturas, pero encontró en el cine, las redes sociales y las propuestas comerciales la fórmula para instalarse en el país.
Cada 31 de octubre, las brujas, los esqueletos y las calabazas aparecen en escuelas, comercios y barrios argentinos. Halloween todavía no tiene el mismo peso que las fiestas tradicionales del país, pero suma participantes y actividades: desde el clásico “dulce o truco” hasta encuentros familiares y fiestas temáticas.
Su popularidad se explica, en parte, por la influencia del cine y las series, que durante décadas mostraron a chicos recorriendo las casas disfrazados para pedir golosinas. Las redes sociales multiplicaron las ideas para armar disfraces, decorar y organizar festejos. También se sumaron las escuelas de inglés, los comercios y los espacios recreativos, con propuestas para distintas edades.
El crecimiento también se refleja en las ventas: durante 2026, los artículos vinculados con Halloween crecieron un 30% en unidades respecto del año anterior. Para muchos comercios, la celebración suma movimiento en octubre, entre el Día del Niño y las fiestas de fin de año.
Un origen que se remonta a los pueblos celtas
La historia de Halloween se vincula con Samhain, una festividad de los antiguos pueblos celtas que marcaba el final de las cosechas y el comienzo de la época más oscura del año. Con el paso del tiempo, esa celebración se mezcló con tradiciones cristianas. La víspera del Día de Todos los Santos —All Hallows’ Eve— terminó dando nombre a Halloween.
Más adelante, la costumbre se expandió en Estados Unidos y tomó la forma popular que hoy conocemos, con disfraces, calabazas y pedidos de golosinas.
En la Argentina, la tradición se adaptó a la vida cotidiana. Para muchos chicos es una oportunidad para disfrazarse y jugar; para las familias, una excusa para compartir una actividad; y para los comercios, una fecha que suma propuestas. Así, una celebración nacida lejos fue encontrando su propio lugar en el calendario local.
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