El fenómeno no resulta nuevo, pero sí más reiterado. Guardavidas de Punta Mogotes explicaron a la Agencia Noticias Argentinas que se trata de una situación conocida y que “ocurre todos los veranos en algún momento”. Sin embargo, el aumento continuado del calor en el agua amplificó la presencia de aguavivas en sectores donde antes no se concentraban en grandes cantidades.
La clave está en el termómetro marino. Cuando la superficie del mar registra valores más altos de lo habitual, se modifican dinámicas ecológicas básicas. Las medusas, animales invertebrados que flotan y se desplazan al ritmo de corrientes y vientos, encuentran en esas condiciones un escenario propicio para reproducirse y expandirse. No persiguen a los bañistas ni atacan de forma activa. Su cercanía a la costa responde a factores físicos y biológicos.
Los especialistas coinciden en que los veranos con anomalías térmicas positivas incrementan la probabilidad de encuentros entre humanos y medusas. Este año, frente a Mar del Plata, esa combinación se hizo evidente. Aguas más cálidas, días con poco oleaje y corrientes favorables empujaron a estos organismos hacia la orilla, justo donde miles de personas ingresan al mar.


















