Los canelones son, sin lugar a dudas, uno de los platos estrella de la mesa argentina. Ya sea en un almuerzo familiar de domingo o para agasajar a alguien especial, esta pasta rellena nunca falla. Sin embargo, muchas veces terminamos con una sensación de pesadez. Para evitar esto, existe una versión mucho más liviana: los canelones sin harina.

El gran secreto de esta receta no es una técnica compleja, sino la sustitución del ingrediente principal de la masa. Al cambiar la harina de trigo por maicena (almidón de maíz), se logra una textura infinitamente más delicada, elástica y, sobre todo, fácil de digerir. El resultado es un panqueque casi transparente, muy suave al paladar y que permite que el sabor del relleno se luzca por completo.

Para preparar aproximadamente una docena de tapas (dependiendo del tamaño de tu sartén), vas a necesitar:

1 taza de maicena.
2 huevos grandes.
1 ½ taza de leche (puede ser entera o descremada).
1 cucharada de aceite neutro (girasol o maíz).
1 pizca de sal.
Seguí estas instrucciones para que las tapas te salgan perfectas desde el primer intento:

Mezcla base: Colocá los huevos, la leche, el aceite y la pizca de sal en un bowl. Agregá la maicena de a poco mientras batís con un batidor de alambre o un tenedor.
Batido intenso: Es fundamental batir bien hasta que no quede ni un solo grumo. Si querés una textura profesional, podés usar una licuadora o un mixer por unos segundos.
El descanso clave: Dejá reposar la mezcla durante 10 minutos. Este paso es vital para que la maicena se hidrate bien y la masa no se quiebre al cocinarla.
Cocción: Calentá una sartén antiadherente con apenas una gota de aceite (o manteca). Volcá un cucharón de la mezcla y mové la sartén rápidamente para distribuir el líquido en una capa bien fina.
Cuidado con el tiempo: Estos panqueques son muy delicados. Cocinalos apenas unos segundos de cada lado hasta que veas que los bordes se despegan solos. Retiralos y reservalos apilados para que mantengan el calor y la humedad.
Ideas de relleno para lucirse
Una vez que tengas tus tapas livianitas, el límite es tu imaginación. Acá te dejamos cuatro opciones que son un golazo:
Ricota y espinaca: El clásico que no pasa de moda. Agregale nuez moscada y mucho queso rallado para un sabor bien intenso.
Pollo y salsa blanca: Ideal para aprovechar el pollo que sobró de un asado. Picado bien fino y mezclado con una bechamel espesa queda increíble.
Carne picada suave: Salteada con cebolla, morrón y un toque de comino para darle ese gustito casero.
Verduras salteadas: Una opción veggie con calabaza, choclo y mucho queso mozzarella fundido.
Para terminar, bañalos con un buen tuco o una salsa blanca liviana, llevalos al horno a gratinar con queso por encima y preparate para los aplausos. Son tan livianos que, probablemente, ¡esta vez te animes a repetir el plato!

Por qué usar maicena en lugar de harina
La maicena tiene propiedades únicas en la cocina. Al no contener gluten, la masa no desarrolla esa elasticidad “chiclosa” que a veces tienen los panqueques de harina mal batidos.
En cambio, obtenemos una masa sedosa y flexible, lo que hace que enrollar los canelones sea un juego de niños: no se rompen, no se pegan y mantienen la humedad justa. Además, es una opción ideal para quienes buscan reducir el consumo de harinas blancas sin resignar el placer de un buen plato de pasta.

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