Cada 17 de marzo se conmemora el Día de la Puericultora, una figura clave en el sistema de salud que combina ciencia, técnica y una profunda empatía para proteger el inicio de la vida.


En el complejo ecosistema del nacimiento y la crianza, existe una figura que trabaja de forma silenciosa pero cuya intervención es determinante: la puericultora. Hoy, en su día, se busca visibilizar una profesión que va mucho más allá de “enseñar a dar el pecho”, consolidándose como un eslabón fundamental en la salud pública y el bienestar familiar.

Más que técnica, un puente emocional

La puericultura es la disciplina que se ocupa del cuidado y desarrollo del niño durante sus primeros años de vida. Sin embargo, en la práctica moderna, su enfoque se centra en el binomio madre-hijo.

“No somos solo asesoras de lactancia. Somos quienes validamos el deseo de la madre, quienes detectamos una depresión posparto a tiempo y quienes brindamos herramientas científicas para que cada familia encuentre su propio camino”, explica Martina dodero una especialista del sector.

Los desafíos de la profesión

A pesar de su importancia crítica en hospitales, sanatorios y consultorios particulares, el colectivo aún enfrenta retos significativos:

  • Reconocimiento legal: En muchos países y regiones, se sigue luchando por leyes que regulen la actividad y la integren formalmente a las cartillas de salud obligatorias.
  • Desmitificación: Existe la idea errónea de que su rol es solo “instintivo”. Por el contrario, requiere una formación académica rigurosa en anatomía, fisiología, psicología perinatal y técnicas de comunicación.
  • Acompañamiento integral: Hoy en día, las puericultoras también abordan el destete respetado, la vuelta al trabajo y el sueño infantil desde una perspectiva de derechos.

¿Por qué son indispensables hoy?

En una era de sobreinformación digital, la puericultora actúa como un filtro de confianza. Su intervención reduce drásticamente las tasas de abandono precoz de la lactancia y disminuye la ansiedad en los progenitores, traduciéndose en niños y cuidadores más saludables.


Tres pilares de su labor diaria

  1. Prevención: Detección temprana de dificultades en la succión o problemas de salud en el recién nacido.
  2. Sostén: Apoyo emocional en la “hora sagrada” y los primeros días del puerperio.
  3. Educación: Información actualizada basada en evidencia científica, lejos de mitos o presiones sociales.

En este 17 de marzo, el festejo es también un reclamo de espacio: que cada persona que decide criar pueda contar con el sostén profesional necesario para que el inicio de la vida sea lo más armonioso posible.

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