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A los 74 años, Luis Hilario Frías representa la realidad de cientos de comercios de barrio. El aumento desmedido de insumos, el impacto de los servicios y la caída estrepitosa del consumo transformaron el pan en un bien de lujo para muchas familias.

El oficio de panadero, históricamente símbolo de trabajo y arraigo, atraviesa hoy uno de sus momentos más críticos. El testimonio de Luis Hilario Frías, un veterano del sector con seis décadas de trayectoria entre Mendoza y Merlo, funciona como un crudo diagnóstico de la actualidad: “Estoy buscando algo para hacer y cerrar la panadería”, confiesa con la resignación de quien ya no encuentra margen para sostener las persianas levantadas.

Hábitos de consumo en caída libre

La crisis no solo se refleja en los balances contables, sino en el día a día del mostrador. Frías describe una postal desgarradora que se repite en las panaderías de barrio: “Hoy entran nenitos para comprar 300 pesos de pan”. Esta atomización del consumo marca el pulso de una economía donde las familias han dejado de comprar por kilo para pasar a una compra de subsistencia mínima.

El combo es letal para el pequeño comerciante:

  • Costos operativos: La suba constante de la harina y materias primas, sumada al peso de las tarifas de servicios, pulverizaron la rentabilidad.
  • Ventas en picada: Ni siquiera las fechas tradicionalmente “fuertes” logran oxigenar la caja.

Pascuas sin alivio

El reciente periodo de Pascuas confirmó la tendencia negativa del sector. Con una rosca de Pascua que no baja de los 15 mil pesos, el producto se volvió inaccesible para el presupuesto promedio. Lo mismo ocurrió con los huevos de chocolate, que dejaron de ser un motor de ventas para convertirse en artículos de exhibición con salida mínima.

Un final incierto para el sector

Según un relevamiento detallado por Página 12, el deterioro de la actividad es generalizado. Desde los gremios y cámaras del sector advierten que, de no mediar un cambio en la estructura de costos o un repunte del poder adquisitivo, el cierre de comercios y la pérdida de puestos de trabajo serán inevitables.

Para hombres como Frías, no se trata solo de números, sino del final de una vida dedicada al amasijo. La incertidumbre hoy le gana a la tradición, y el sector panadero enciende las alarmas ante un escenario que parece no haber encontrado todavía su piso.

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