Mientras millones de argentinos celebran cada logro de Lionel Messi, existe un país ubicado a más de 17.000 kilómetros que comparte esa misma pasión. Se trata de Bangladesh, donde el capitán de la Selección Argentina despierta una admiración pocas veces vista fuera de las fronteras nacionales.

Las imágenes suelen repetirse en cada Mundial o torneo internacional: calles teñidas de celeste y blanco, enormes banderas argentinas colgadas en edificios, caravanas de hinchas y festejos multitudinarios por los triunfos de la Scaloneta. Pero, ¿cómo nació este vínculo tan especial?

La historia se remonta a la década de 1980, cuando los partidos de la Selección Argentina comenzaron a transmitirse en Bangladesh. Allí, la figura de Diego Armando Maradona durante el Mundial de México 1986 conquistó a miles de fanáticos. Desde entonces, el apoyo al seleccionado albiceleste fue pasando de generación en generación.

Con el paso de los años, ese cariño encontró un nuevo referente en Lionel Messi. Su talento, perfil humilde y perseverancia para alcanzar la gloria mundial terminaron de consolidar una relación emocional única entre Bangladesh y Argentina.

El Mundial de Qatar 2022 marcó un antes y un después. Durante la conquista de la tercera estrella, millones de bangladesíes siguieron cada encuentro con una pasión comparable a la que se vive en las ciudades argentinas. Las celebraciones por la obtención de la Copa del Mundo dieron la vuelta al planeta y sorprendieron incluso a los propios argentinos.

La identificación también tiene raíces históricas. Muchos habitantes de Bangladesh sienten una cercanía especial con Argentina debido al apoyo diplomático que el país sudamericano brindó durante la guerra de independencia bangladesí en 1971. Aunque el fútbol es el principal motor de la relación, ese antecedente fortaleció los lazos entre ambas naciones.

En la actualidad, Messi es mucho más que un futbolista para millones de personas en Bangladesh. Su figura representa esfuerzo, superación y excelencia deportiva. Por eso, cada vez que Argentina sale a la cancha, en ciudades como Daca, Chittagong o Khulna miles de hinchas vuelven a desplegar banderas celestes y blancas para alentar a un jugador que consideran propio.

A sus 39 años, Lionel Messi sigue generando admiración en todo el mundo. Y entre todos sus seguidores, los de Bangladesh ocupan un lugar especial: son la prueba de que el fútbol puede derribar cualquier frontera.

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