A los 77 años, el fallecimiento del máximo emblema del rock nacional generó una conmoción absoluta. Miles de fanáticos se autoconvocaron en los principales puntos del país para despedirlo entre la emoción, los cánticos y reclamos hacia el Gobierno.
La muerte de Carlos Alberto “El Indio” Solari provocó un profundo impacto en la sociedad argentina. Apenas se conoció la noticia de la partida del legendario líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, miles de seguidores de distintas generaciones se volcaron a las calles en una masiva y espontánea “misa ricotera”, que tuvo como epicentro una desbordada Plaza de Mayo.
El mítico espacio verde frente a la Casa Rosada se transformó rápidamente en el centro de los homenajes. Aunque durante las primeras horas de la tarde se registraron algunos momentos de tensión e incidentes aislados entre los fanáticos y los efectivos de la Policía de la Ciudad, el flujo de gente terminó superando ampliamente el operativo de seguridad. Con banderas, remeras y el cancionero popular de los Redondos y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado a flor de piel, la multitud convirtió el dolor en una celebración del legado cultural del artista.
Cruces por el velatorio público y tensión política
La despedida de una figura de la magnitud de Solari no estuvo exenta de debates sobre la organización de un homenaje oficial. Frente al pedido masivo de realizar un velatorio público en el Congreso de la Nación, el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, emitió un comunicado argumentando que, tras evaluar la situación, el Palacio Legislativo no reunía las condiciones logísticas, edilicias y de seguridad para un evento de semejante concurrencia.
No obstante, Menem aclaró que el Ejecutivo se puso a disposición de la familia del músico “para trabajar conjuntamente en la elección de un lugar que esté a la altura de lo que el Indio Solari representa para la sociedad argentina”. El presidente de la Nación se limitó a replicar este mensaje en sus redes sociales, manteniendo un hermético silencio.
Esta postura y la negativa de habilitar la Casa Rosada generaron un fuerte malestar entre los seguidores, quienes manifestaron su descontento públicamente tildando la decisión de “atentado a la cultura”, recordando las históricas e irreconciliables diferencias ideológicas que el propio cantante —quien siempre se definió como un “hippie viejo” de ideales contraculturales— mantenía con la actual gestión gubernamental.
El país entero de luto
El fenómeno de la despedida no se redujo a la Ciudad de Buenos Aires. En las principales plazas y monumentos de diversas provincias del país se replicaron los puntos de encuentro. Los “fieles ricoteros” armaron altares improvisados con fotos, encendieron velas y entonaron clásicos de su repertorio para rendir el último adiós al hombre que, a través de sus letras y su mística, marcó a fuego las últimas décadas de la historia musical argentina.
Mientras la familia evalúa alternativas tras los ofrecimientos de distintos estadios de fútbol del ámbito local para llevar a cabo una despedida oficial, el país entero llora la partida de una leyenda cuya obra ya es eterna.


















