Mientras la ola polar mantiene temperaturas bajo cero y el mar se convierte en un escenario que pocos se animan a enfrentar, Santiago Vieyra sostiene una rutina que sorprende incluso a los más experimentados: desde hace ocho años se mete al mar todos los días, sin importar la estación del año ni las condiciones climáticas.

El joven convirtió ese hábito en una forma de vida. Ya sea con calor, lluvia, viento o en medio de jornadas de frío extremo, ingresa al agua como parte de un ritual que, asegura, le aporta bienestar físico y mental.

En los últimos días, con la costa cubierta por un intenso frío e incluso con registros de nieve en distintos puntos de la región, sus inmersiones volvieron a llamar la atención. Mientras la mayoría busca refugio del invierno, Santiago entra al mar con la misma determinación que mantiene desde hace casi una década.

Su constancia generó admiración entre vecinos, turistas y usuarios de redes sociales, que siguen de cerca sus publicaciones y destacan el compromiso con una práctica que exige disciplina y preparación.

Más allá del impacto que generan las imágenes de sus baños en pleno invierno, Santiago remarca que esta rutina forma parte de un proceso que comenzó hace ocho años y que se sostiene gracias a una adaptación progresiva del cuerpo al frío.

En una época en la que las bajas temperaturas dominan la agenda, su historia demuestra que, con entrenamiento y experiencia, algunos desafíos que parecen imposibles pueden transformarse en una costumbre diaria.

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