Mantener una alimentación equilibrada no siempre resulta sencillo. Las jornadas extensas, la falta de tiempo y el consumo frecuente de productos rápidos pueden hacer que el organismo no reciba todos los nutrientes que necesita.
En ese contexto, los especialistas ponen el foco en los llamados alimentos de alta densidad nutricional: aquellos que aportan una importante cantidad de vitaminas, minerales, proteínas, fibra o grasas saludables en relación con las calorías que contienen.
Entre las opciones que pueden incorporarse dentro de una alimentación variada aparecen verduras de hojas verdes, legumbres, huevos, pescados, carnes, frutos secos, cereales integrales y frutas.
Las verduras y frutas aportan vitaminas, minerales, fibra y diferentes compuestos beneficiosos, mientras que alimentos como el pescado, los huevos, las carnes y las legumbres permiten sumar proteínas y minerales importantes para el funcionamiento del organismo.
También tienen un lugar destacado los frutos secos y las semillas, que concentran grasas saludables y distintos micronutrientes, y los cereales integrales, que además aportan fibra.
¿Y qué pasa con el hierro?
El hierro es uno de los minerales esenciales para el organismo y puede obtenerse tanto de alimentos de origen animal como vegetal. Entre sus fuentes aparecen las carnes, aves y pescados, pero también las legumbres y los vegetales de hoja.
Un dato importante es que combinar las fuentes vegetales de hierro con alimentos ricos en vitamina C, como naranja, mandarina, limón, kiwi o tomate, puede favorecer su absorción. Por el contrario, consumir té o café junto con esas comidas puede reducir el aprovechamiento del mineral.
La clave, de todos modos, no pasa por buscar un único “superalimento”. Una dieta variada, con diferentes grupos de alimentos y adaptada a las necesidades de cada persona, sigue siendo la mejor estrategia para obtener los nutrientes que el cuerpo necesita.



















