Al músico le habían diagnosticado Parkinson hace diez años. Fue fundador de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota junto a Skay Beilinson y una de las figuras más influyentes de la historia del rock argentino. Falleció en su casa de Parque Leloir, acompañado por su familia.

No se trata simplemente de la pérdida de un músico o un compositor brillante. Con la partida del Indio, se cierra el capítulo del mayor fenómeno sociológico y popular que ha parido la música en América Latina; un artista que reconfiguró la identidad de generaciones y convirtió el rock en una cuestión de fe.

La autogestión como bandera y el nacimiento de una religión pagana

Desde sus inicios subterráneos en la ciudad de La Plata hacia mediados de la década del 70, junto a Skay Beilinson, Solari plantó la semilla de una contracultura que desafió las reglas tradicionales de la industria. La independencia absoluta de las discográficas multinacionales, la autogestión y el rechazo a la exposición mediática convencional no fueron poses, sino los pilares éticos innegociables sobre los cuales edificó su mito.

Con el lanzamiento de obras cumbre como OktubreUn baión para el ojo idiota o Luzbelito, Los Redondos le dieron voz a una juventud desamparada en la transición social de finales del siglo XX. Las letras del Indio, repletas de una poesía críptica, metáforas punzantes y postales urbanas, se convirtieron en himnos de trinchera.

Fue en ese camino donde nacieron las memorables “misas ricoteras” y el pogo más grande del mundo. Los conciertos de la banda dejaron de ser eventos musicales para transformarse en peregrinaciones masivas que movilizaban a cientos de miles de almas de todas las latitudes del país, uniendo clases sociales bajo una hermandad inexplicable para los ojos ajenos.

Un magnetismo inigualable hasta sus últimos días

Tras la disolución de Los Redondos en 2001, Solari revalidó su título de artista más convocante de la historia nacional. Al frente de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, rompió récords imposibles en ciudades del interior como Tandil, Olavarría, Mendoza o Gualeguaychú, congregando multitudes que superaban las 150.000 personas en una sola noche.

A pesar de su retiro obligado de los escenarios en 2017 debido al avance de su enfermedad, Mr. Parkinson—como él mismo lo llamaba de cara a sus fieles—, el Indio nunca cortó el cordón umbilical con su público. Encontró en la tecnología el puente para seguir activo, editando música desde su estudio bajo pseudónimos como El Míster y los Marsupiales Extintos, y participando de forma virtual en las presentaciones de su banda.

Un legado que ya es patrimonio eterno

La historia de la República Argentina no puede contarse sin la obra de Carlos Solari. Él demostró que se podía alcanzar la cima de la masividad sin negociar la dignidad artística, manteniendo siempre los ojos abiertos frente a las realidades de su pueblo.

Hoy sus fieles lloran al hombre de las gafas oscuras, pero sus canciones ya no le pertenecen a él ni al tiempo: quedaron grabadas a fuego en el ADN cultural de un país que seguirá cantando sus rezos laicos por siempre. La misa no termina, se vuelve eterna.

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