La verdad es más dura que el amor. Hay diferencias que matan y mentiras que unen. El amor, la muerte y la locura atraviesan a Gorila, segunda parte de la triología de obras creadas por la directora y actriz Mariana Cumbi Bustinza, que llega a la temporada marplatense desde el 4 de enero, todos los sábados de enero y febrero a las 21 en El Club del Teatro, Rivadavia 3422.
Un thriller psicológico. El mundo gira entre el amor, la muerte y la locura…y Dios ausente y sin aviso. Gorila es la historia de una obsesión, refleja la discriminación que se da entre vecinos de una pensión del conurbano bonaerense y hace foco en cómo el discurso sistemático y prejuicioso se repite por costumbre, casi sin pensarlo.
La fricción entre ambos mundos no tarda en llegar: Juana se siente atraída por su nuevo vecino (quien experimenta lo mismo) mientras que la esposa de él comienza a sospechar. Y a todo ésto, Jimena ya no soporta de irrupción de estos “primates” y sus peculiares costumbres en su hogar. Esta olla a presión colapsa con la desaparición de la adolescente.
Crudo thriller con grandes pinceladas de humor y reflexión. Gorila no deja de ser una historia de amor entre dos personas que, a su manera, están solas. Un drama que deambula entre la muerte, la obsesión, la intolerancia y la ignorancia. Un reflejo de la decadencia humana de lo vulnerables que podemos ser cuando tenemos un sólo y recurrente pensamiento como verdad absoluta.
Junto con la inicial “Menea para mí” y la nueva “Lo que quieren las Guachas”, Gorila completa la triología creada por la directora y dramaturga Mariana Cumbi Bustinza, enfocada en la vida en las villas, en los barrios marginales, los prejuicios, el mundo interno y externo que los circunda a sus personajes.
Humor negro, romanticismo, drama. Todos los condimentos con los que trabajan en escena Victoria Raposo, Martina Bajour, Tomás Cutler, Ezequiel Baquero y la propia Cumbi, bajo la asistencia e iluminación de Luciano Crispi.
Desde su estreno en 2016, la crítica especializada no ha dejado de acompañarla: “Súper recomendados como la obra perfecta para ver el fin de semana” (La Nación), “Permite percibir reales conflictos sociales debajo de esas situaciones desopilantes e incómodas al mismo tiempo” (Martín Wullich), “”La obra hace cómplice al público que reacciona con risas nerviosas ante algunos relatos de fuerte violencia verbal. Y también lo interpela a través de los discursos discriminatorios y xenófobos de la sociedad” (Revista Crítica).

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