El caso de Maia Beloso conmocionó a la opinión pública no solo porque fue secuestrada y durante días fue imposible dar con su paradero y el de su captor, siendo que se movían en bicicleta, sino por las condiciones de vida que tienen ella y su familia.

Fueron los vecinos del barrio, quienes saben que la niña vive junto a sus hermanos y su madre en una precaria carpa hecha de lonas y plásticos quienes pusieron en escena -más allá de pedir una respuesta por la desaparición de la menor- esta problemática, al cortar en reiteradas oportunidades la autopista Dellepiane y llevar a las cámaras de televisión al lugar.

Lo cierto es que Maia, de siete años, no está escolarizada y vive en extremas condiciones de pobreza, con varios de sus derechos vulnerados, empezando por vivienda y educación. Maia, esa niña cuyo rostro de viralizó durante tres días en redes sociales, es la imagen real de lo que muchas veces se publica en estadísticas, en trabajos, en números.

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