La historia del rock argentino se escribió en gran medida en los escenarios de la costa atlántica. Dentro de ese mapa musical, el vínculo entre Carlos Alberto “El Indio” Solari y Mar del Plata traza un arco perfecto que va desde la complicidad contracultural de los años 80 hasta la censura política a finales de los 90, dejando una huella imborrable en el ADN de la ciudad.
A lo largo de poco más de una década, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota mutaron de fenómeno de culto a marea humana indomable, transformando la infraestructura local show a show, hasta que un decreto municipal le bajó el telón de manera definitiva.
De las salas céntricas al asfalto del Polideportivo
El desembarco inicial ocurrió en 1988. Con el eco del disco Oktubre todavía resonando, la banda se presentó en el Teatro Tronador. En aquellos años, el público ricotero todavía cabía en las butacas de una sala céntrica y la propuesta del Indio mantenía la impronta del under porteño y la bohemia teatral.
Sin embargo, el crecimiento de la convocatoria fue exponencial. Para 1991, en plena presentación de La mosca y la sopa, el escenario elegido fue el ex Cine San Martín, sobre la avenida Independencia. Las crónicas de la época ya advertían que el microcentro empezaba a verse desbordado por colectivos llegados de distintos puntos del país y banderas que copaban las calles. La escala intermedia en la emblemática discoteca Go! de la avenida Constitución, en 1995, fue el último test antes de la masividad absoluta.
El gran salto de escala se consolidó en 1996. Los Redondos inauguraron su etapa de estadios en la ciudad presentándose en el Estadio Polideportivo Islas Malvinas para defender las canciones de Luzbelito. Fue la confirmación de que Mar del Plata ya no era una plaza más de verano, sino una sede oficial de las multitudinarias “misas”.
El caótico desenlace en el Patinódromo
El punto de inflexión definitivo llegó los días 19 y 20 de junio de 1999. El Patinódromo Municipal Adalberto Lugeafue el escenario de dos noches heladas donde la banda presentó Último bondi a Finisterre. En lo musical, los shows quedaron en el recuerdo por la sorpresiva participación de Willy Crook como invitado en los vientos de “La bestia pop”. En las calles, la historia fue otra.
Afuera del predio, la tensión social acumulada a fines de la década del 90 estalló en los accesos. Miles de jóvenes sin entrada intentaron derribar los vallados, desatando una batalla campal contra las fuerzas de seguridad que incluyó gases lacrimógenos, balas de goma, destrozos en comercios de la zona y cientos de detenciones.
El decreto de Elio Aprile y el portazo final
La respuesta institucional fue drástica. Ante la magnitud de los disturbios, el entonces intendente de General Pueyrredón, Elio Aprile, firmó un decreto que prohibió explícitamente la realización de futuros conciertos de Los Redonditos de Ricota en el partido. El municipio argumentó que la ciudad no contaba con las garantías de seguridad ni la infraestructura necesaria para contener los desbordes del público ricotero.
Fiel a su estilo, el Indio Solari recogió el guante en una histórica conferencia de prensa y corrió el eje de la discusión musical para plantear el trasfondo de la época:
“Esto es un problema social mucho más serio y más grave. ¿Vos pensás que los chicos nacen malos? Un grupo de rock no puede hacer un planteo social. Sobre 15 mil chicos había 700 que son marginales, pero marginales no en el término despectivo; están marginados por la sociedad”.
Ese cruce selló el final del idilio en vivo. Tras el veto local, la banda solo daría un puñado de conciertos en River Plate y Córdoba antes de su disolución en 2001. En los años posteriores, ya al frente de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, el Indio Solari continuó movilizando multitudes hacia Olavarría, Tandil o La Plata, pero nunca volvió a pisar profesionalmente un escenario de la ciudad que alguna vez lo cobijó en su circuito más íntimo.















